sábado , 3 diciembre 2022

Discurso de la Presidenta de la CDHCM, Nashieli Ramírez Hernández, en la Ceremonia de entrega del Reconocimiento “Ponciano Arriaga Leija” 2021

Discurso 50/2021
17 de diciembre
 de 2021

La dignidad no se olvida

como no se olvida el respiro

el amor

el país

las canciones

los poemas

los cerros

el mar.

La dignidad no se olvida

se levanta

y no importa cómo:

con piedras cruzando el cielo

con trapos pintados de rojo

con poesía estremecida.

La dignidad es mía

es tuya, nuestra

hasta el fin de los tiempos

y nadie ha nacido aquí

con el derecho a quitarla.

La dignidad no se olvida, de Absalón Opazo.

Muy buenos días a todas, todos y todes quienes nos acompañan de manera presencial y virtual, les saludo y agradezco que estén aquí. Hoy estamos con estas palabras cerrando el reconocimiento y la entrega del Reconocimiento Ponciano Arriaga Leija 2021 a quienes dedican su vida a la construcción de una cultura de respeto, promoción y defensa de los derechos humanos en nuestro país.

De entrada, quisiera agradecer la presencia, como les digo no, no nada más virtual, sino aquí también en la Comisión de quienes acompañan a nuestra galardonada y a nuestro galardonado.

Es la comunidad, es el trabajo colectivo lo que define los trabajos que a veces pensamos que hace una sola persona. Es exactamente el estar con nosotros y la compañía de los otros lo que impulsa las vidas de quienes ahora solamente vimos de pasada. Entonces, para mí es muy importante que estén ustedes aquí, que estén acompañándolos, porque yo sé que no los están acompañando nada más hoy, sino que esta compañía es la compañía que les fortalece, que los hace caminar en un trabajo que no es fácil y que, como también ya lo mencionaron alguno de ustedes en diferentes vertientes, es poco comprendido todavía por muchas personas.

Desde esta Comisión, estamos ciertas de que la defensa de los derechos humanos no puede ser ajeno a la territorialidad, a la proximidad y a la consolidación de mecanismos de mediación y procesos de justicia restaurativa, centrados en las víctimas, y en los impactos que esos procesos tienen en la comunidad.

Quienes hoy reciben el Reconocimiento Ponciano Arriaga Leija tienen una trayectoria en la defensa de los derechos humanos desde la base, desde el territorio, su trabajo ha partido desde la raíz para incidir en la forma de hacer gobierno y eso tiene que reconocerse, celebrarse y aplaudirse como un modelo de defensa necesario para articular comunidad, recuperar propuestas con arraigo popular e implementar soluciones con legitimación desde ese espacio que puedan ser acompañadas por autoridades.

Esta Ciudad, por ejemplo, no contaría con una Constitución Política de avanzada de no haber contado con la participación de defensores de terreno como parte de su constituyente.

Defender los derechos humanos, es un derecho en sí mismo; las y los defensores fomentan valores y prácticas democráticas, promueven el buen gobierno, la cultura de legalidad, y colocan por encima de todos los derechos el respeto a la dignidad humana; por ello su defensa y promoción resulta de vital importancia.

Dicho esto, también es preciso mencionar que la ruta para la transformación y la restauración es de abajo hacia arriba, y tenemos el ánimo de que el trabajo que hoy se reconoce sea ejemplo para muchas estrategias de defensa de derechos humanos.

Se requiere un profundo compromiso y una vocación en la defensa de derechos humanos para sostener ese trabajo a lo largo del tiempo, como una forma de vida, y así han vivido las personas que hoy reconocemos.

La categoría de trayectoria representa a personas defensoras, que son vitales en la reconfiguración de las sociedades, dan la vida para preservar los valores culturales, ambientales y patrimoniales del origen, la memoria y la historia de este México, como lo ha hecho la abuelita Amalia Salas Casales.

Muchos años de trabajo respaldan también a Angelita, toda una vida dedicada a ver por los demás desde su propia organización y en el día a día, demostrando convicción y fortaleza en las causas que ha defendido a lo largo del tiempo. Su defensa ha respondido tanto a las necesidades comunitarias como al ciclo de su propia vida. Así como no podemos ya hoy, quienes no conocían a la abuelita Amalia y lo que ella hace, ir a Xochimilco y no pensar en ella; cuando cruzamos por los pedregales del Ajusco tampoco no podemos cruzar por ahí sin pensar en Angelita, y en el trabajo de ambas y en sus territorios.

La segunda categoría de Lucha y defensa, está destinada a reconocer vidas dedicadas a defender casos de violaciones a los derechos humanos, como el destacado trabajo de David Peña Rodríguez, que acompaña y defiende a personas que han sido víctimas de violaciones graves en la búsqueda de la justicia. Con su labor se construyen precedentes judiciales, que se volverán referentes nacionales e internacionales, e inciden en la creación de protocolos de atención y leyes. Su trabajo trasciende y cuando los resultados de esos nos van a tocar, nos tocan y nos ayudan a seguir avanzando en lo concreto.

Por otro camino, el del posicionamiento político ante organismos internacionales, nacionales y locales, Paty impulsa sinergias para la creación de marcos normativos para la protección de las personas mayores, que ahora o algún día, como lo decía ella, todos seremos, en tanto fomenta a través de su red labores de cuidado que deberían estar respaldadas o garantizadas por las autoridades.

También, lo hacen como Claudia, que desde lo territorial y la proximidad vecinal motiva a las personas vecinas a realizar peticiones, a exigir respuestas, a participar activamente en las decisiones sustantivas de sus pueblos y colonias, como son el uso del presupuesto, la mejora de servicios públicos y que el espacio público sea para el disfrute de todas y todos.

Hoy aquí hemos reconocido a la diversidad de acciones que se implementan y que van desde comunicar a las personas que tienen derechos humanos, hasta promoverlos y defenderlos por medio de estrategias en sede jurisdiccionales.

Este reconocimiento visibiliza el compromiso y labor de las personas defensoras que hoy honramos, las que, desde sus trincheras, desde la proximidad, en el territorio, y las tribunas judiciales trabajan con otras y para otras personas, innovan, acompañan, transforman y defienden la dignidad humana.

Muchísimas gracias y muchas felicidades.