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Palabras de la Presidenta de la CDHCM, Nashieli Ramírez, en la presentación de la obra del Premio Nobel de la paz, Kailash Satyarthi, “Salvemos a la infancia”.

Palabras de la Presidenta de la CDHCM, Nashieli Ramírez, en la presentación de la obra del Premio Nobel de la paz, Kailash Satyarthi, “Salvemos a la infancia”.

Discurso 14/2020
2 de marzo de 2020

Cuando Grano de Sal se acercó a la Comisión, presentándonos su proyecto e invitándonos a ser parte de él, ser más bien como aliados y cómplices; la Comisión aceptó inmediatamente, básicamente porque nos dedicamos a los derechos humanos, pero sobre todo, también tenemos una agenda que va creciendo con relación a los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y, de hecho, hace un mes acabamos de presentar un Informe Especial sobre el trabajo infantil en espacios públicos, en el Metro, en la Central de Abasto, en la Ciudad de México. Y entonces, esta reunión que se tuvo con Grano de Sal abona al trabajo que estamos haciendo.

Me da muchísimo gusto poder participar aquí con Sylvia Schmelkes, que no lo dijo, pero tiene muchísimos años trabajando la agenda de trabajo infantil, tiene muchísimos años trabajando la agenda de educación, y quien trabaja la agenda de educación, no puede dejar de visualizar esta agenda. Yo la conocí exactamente trabajando la agenda con niños agrícolas, de lo que ya hizo mención, y después tuvimos la oportunidad, hace como ocho años, de trabajar sobre un libro que trabajamos juntas para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que tenía que ver con el derecho a la educación y el trabajo infantil. Entonces, me da muchísimo gusto estar aquí con ella compartiendo estos comentarios muy breves sobre un libro que se tiene que leer y que, si vemos, no nada más por lo que tanto Tomás (Granados Salinas) como ella nos han compartido, hasta la propia carátula lo dice, de qué es, cómo básicamente estamos aplastando, y el ‘salvemos a los niños’ es básicamente de lo que estamos hablando.

Rápidamente quisiera decir por qué un libro, porque podríamos ver que son textos que tienen más de 10 años o que hablan de experiencias de hace casi 20 años, ¿por qué todavía es actual? Y es por qué tenemos que estar abordando, poniendo, como lo está haciendo Grano de Sal, con esta publicación, al frente, otra vez una agenda que supuestamente tendría que estar desactualizada después de 20 años, y no lo está.

La agenda de trabajo infantil en el mundo es sumamente reciente; básicamente va de la mano con la modernización y la transformación productiva en el mundo, en la era industrial. Entonces, los primeros que toman esta agenda pública, no lo van a creer, fueron empresarios, un conjunto de empresarios liberales ingleses, que a finales del Siglo XIX, al ver las condiciones de explotación que vivían lo niños y las niñas en los obrajes de lo que era el arranque de la era industrial, decidieron poner algunas normas o algo que protegiera a esos niños, porque estamos hablando de niños muy pequeños, haciendo trabajo de hombres, y claro, ya lo mencionó y en el libro lo mencionan y ya lo retomó también Silvia, en términos de cuál es la relación entre el capital y el trabajo infantil, y entonces esos niveles de explotación que se presentan.

Después de esto, esta agenda empieza igual, alrededor de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, sobre todo después de ésta, otra vez surge en el escenario público por lo sindicatos, y básicamente la lógica es que los hombres que después de las guerras regresan y se dan cuenta que hay muchos niños haciendo trabajos de hombres y que tendrían que hacer ellos, y también muchas mujeres. Entonces, el criterio de análisis no era tampoco que estuvieran muy preocupados porque los niños o las mujeres estuviéramos trabajando en equis condiciones, sino que básicamente era un juego de ‘este es mi espacio’, y mejor juego a que te protejo, te limito las horas, te limito la incorporación, y básicamente teníamos esa lógica.

Digamos que la agenda social y el trabajo infantil es sumamente reciente y, de hecho… es uno de los principales promotores de esta agenda social, mucho antes, 10 años antes, de la misma Convención de los Derechos del Niño, empieza a trabajar a principios de los ochenta, con la agenda contra el trabajo infantil, y la Convención es de 1989; es decir, estás hablando de un hombre que coloca en la agenda social la materia que tiene que ver con el trabajo infantil y todos sus efectos contra los derechos de los niños y las niñas, y estamos hablando de un hombre que verdaderamente revoluciona y pone hoy también el enfoque, que es el enfoque de la visión social y la agenda de derechos a esta situación de la explotación para los seres humanos, como lo es el trabajo infantil.

¿Qué ha pasado durante todo este tiempo y, también lo decía Sylvia, y se retoma, por eso el libro es tan actual, pues seguimos con una persistencia, que, en muchos momentos, y déjenme compartirles que algo que tiene que ver con lo que se mencionó en términos de lo que implica en la incidencia en política pública, ¿por qué sigue persistiendo eso? Porque no hay recursos, porque no está en la agenda, porque no está en los programas de desarrollo, porque no está básicamente como en el centro de las políticas públicas y, bueno, ya lo dijeron: ‘los niños no votan’.

Hay un criterio, básicamente de utilidad política que no permite que esto avance como tendría que estar avanzando, pero sobre todo, y lo decía Sylvia, retomando a Kailash, una serie de mitos, alrededor del trabajo infantil, y estos mitos también apelan, y este libro también apela mucho, no nada más a las rutas de cómo podemos incidir en política pública, o cómo podemos actuar en el asunto, sino también a la lógica de un llamado social, a básicamente unirse a una causa y unirse a una agenda que requiere que nosotros mismos, la sociedad en su conjunto, dejemos de tener mitos y dejemos de justificar y de normalizar el trabajo infantil, hasta invisibilizar, en una Ciudad que, si ahorita salimos, vamos a encontrar enfrente de la puerta de donde salgamos ahorita y donde tomemos, ya sea si venimos en carro y vamos al estacionamiento, si venimos en transporte público, vamos a ver niños y niñas trabajando. Y quizá ahorita que salgamos, los vamos a ver, forman parte de un entorno que justificamos, y lo justificamos, o con la pobreza, ya lo decían, y lo dicen aquí bien, y algo que no profundiza mucho Kailash, pero también lo es mucho actual, es que lo justificamos en torno al propio miedo social que tenemos, al pánico moral que tenemos. Entonces decimos, ‘no, mejor que trabaje, porque si no, se vaya volver un delincuente’.

A mí me gusta retomar un estudio que se hizo hace cuatro años, con relación a adolescentes y jóvenes, que habían cometido crímenes de alto impacto, y que estaban en centros de reclusión, y ahí lo que sale es que la mayoría de ellos trabajaron siendo niños. Esto no quiere decir que si trabajas te vas a volver un delincuente, pero lo que quiere decir es que es mentira esto de que ‘mejor que trabajen que si no lo hacen y se vuelvan…’, no creo que sea al revés, y creo que ahí tenemos que seguir avanzando mucho en esta lógica, y este libro nos invita mucho, y coincido con Sylvia, es un libro muy inspirador.

Déjenme retomar de uno de los capítulos, uno de los más largos: habla de la relación que tenemos los adultos, el mundo adulto, con los niños y las niñas, y básicamente nos plantea que hay cuatro categorías y pertenecemos a cuatro tipo de personas: la gente buena y noble que practica la bondad hacia los niños, les da limosna, y quedan satisfechos pensando que ya hicieron su parte por el bienestar de los niños, así son algunos… Otros, abren escuelas y orfanatos y hacen donativos a las instituciones de este tipo.

Una tercera categoría, nunca deja de aprovecharse de la ternura, del corazón y del cuerpo de una criatura, sobre todo de los niños pobres, tratan a los niños como medio para la explotación. Y dice que hay una cuarta categoría, donde estamos la mayoría de los seres humanos, y es que vemos lo que pasa a nuestro alrededor con los niños, pero miramos para otro lado, y a pesar de haberlo visto con nuestros propios ojos, su situación nos tiene sin cuidado. Gente insensible e hipócrita que carece de preocupaciones es la categoría más poblada, y se encuentran ahí quienes están llenos de incompetencia, egoísmo y una falsa idea de sí mismos. No voltean a ver los políticos, no volteen a ver eso, porque puede ser que vean a muchos en esta parte. Pero también es uno mismo; es decir, lo que hacemos cuando invisibilizamos, a la larga, y aunque no lo queramos hacer, digamos pensándolo, es caer en esa categoría, y de lo que nos habla este libro y esta compilación excelente, de este primer libro, y hay que retomarlo, es el primer libro en español de Kailash, básicamente un filósofo activo, un filósofo de la práctica, porque no es un filósofo que no nada más está en una sala pensándonos a los seres humanos, sino que actúa, y actúa día a día, que creo que es importantísimo el poder llegar ahí.

Él mismo dice: los adultos no han podido desarrollar una relación sana con los niños. Señala que esto es paradójico, en un ambiente en el que existe un discurso de excesiva bondad, caridad y afecto, mezclado con la explotación, la insensibilidad y la apatía hacia los niños y básicamente hacia pensar que si no son nuestros no es nuestro problema. Entonces, básicamente nos coloca, aunque él no lo parafrasea así, en una posición en la lógica de visión de derechos humanos hacia niñas, niños y adolescentes, que lo que marca que no, que no es una cuestión de bondad, de caridad, y que tampoco es una cuestión privada; que los hijos, pues sí, son parte de la familia y responsabilidad de la familia, pero que los niños, las niñas y los adolescentes son del ámbito público, son responsabilidad de todas y todos y que, por lo tanto, nos deberían importar a todas y a todos.

Y si queremos a alguien, siempre dice que es lo permitido y que es lo no permitido, siempre para mí hay un parámetro y es ‘piensa en tus sobrinos, piensa en tus hijas, piensa en tus nietos, y lo que no quieres para ellos, no quieres para ninguno’. Y ese es el parámetro para ver si estamos actuando bien y nos estamos alejando de esta gran categoría que nos invisibiliza.

Él dice que hay siete razones para marchar contra la violación infantil y la violencia hacia la infancia, porque básicamente el trabajo infantil es un proceso de explotación y es un proceso de violencia extrema, no nada más por las condiciones, sino simplemente porque lo que hace es impedir que se ejerzan otros derechos, principalmente el derecho a la educación, que permite no solamente apostar a la movilidad social y a la ruptura de una esfera y un círculo que no deja romper, sino también que permite llegar y alcanzar la felicidad.

Cuando nosotros estamos aquí, en este lugar, y compramos un libro de ficción, si ustedes lo quieren, ni siquiera tiene que ser un libro teórico, sabemos que vamos a viajar, sabemos que nos vamos a acercar, en esa medida, a una parte de ser felices. Cuando negamos eso, estamos también negando estos caminos y estos espacios de felicidad para muchísimos niños y niñas; por lo tanto, es violatorio de sus derechos, es una forma de violencia, es básicamente algo que nos tiene que indignar y nos tiene que llamar, y lo hace muy bien Kailash, en toda esta compilación de textos, que nos permiten acercarnos y sensibilizarnos mucho más hacia esta visión. Aquí estamos hablando, y así concluía Sylvia, y así quiero concluir también, a que de repente pensamos que el trabajo infantil nada más también es ver a los niños en el trabajo callejero, vendiendo lo chicles con su familia o haciendo labores de empaquetamiento, pero no. Hoy las formas de trabajo y explotación cada vez son mucho más crueles, profundas y ponen en riesgo a muchos niños.

Aquí estamos hablando de explotación sexual, aquí estamos hablando de trata, aquí estamos hablando de niños reclutados por el crimen organizado o también reclutados por quien dice que tiene que defenderse ante los malos y que también los reclutan como niños soldados. Y esto no sucede en espacios donde hay una guerra formal nada más; sucede aquí, y si no, acordémonos de las noticias que todavía hace mes y medio, en comunidades del estado de Guerrero, donde los niños y las niñas eran incorporados a los grupos de protección comunitaria, o sea, con armas. Y eso, también forma parte de esto, y esto también forma parte de lo que el llamado de Kailash hace, y que hoy Grano de Sal nos permite ver y poder compartir. Muchísimas gracias.