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Se debe formar una cultura de paz a partir de la educación: CDHDF

Boletín 348/2012
22 de septiembre de 2012

• La sociedad mexicana está inmersa en el modelo de la paz armada para construir la seguridad pública: Pietro Ameglio

En el 3er Encuentro de la Red por una Cultura de Paz, realizado en el Claustro de Sor Juana, el Secretario Ejecutivo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), José Luis Gutiérrez Espíndola, resaltó la pertinencia de forjar una cultura de paz a partir de la educación.

Consideró que si bien el tema de los derechos aparece en las asignaturas de formación cívica y ética para primaria y secundaria, hay una disociación entre lo que dicen los programas y lo que ocurre en el salón de clase y fuera de él, “Necesitamos una escuela que incluya a todos, que respete a todos y que ofrezca educación de calidad para todos”, apuntó.

Al hablar en el panel “Miradas sobre la construcción de paz”, indicó que en México todo mundo habla de paz, pero debajo de esta demanda, aparentemente uniforme, hay muchas visiones encontradas, y no pocos medran con esa bandera y llevan agua a su propio molino. Dijo que hay una abrumadora retórica sobre la Paz, a cargo de los medios de comunicación, de políticos de todos los signos y predicadores de toda laya, “todos hablan de la paz como una necesidad y una aspiración, este falso concenso de la necesidad de la paz es alimentado por un contexto social especialmente conflictivo, violento e inseguro, que convierte en verdadera urgencia la paz”.

Advirtió que un reclamo social generalizado de paz, marcado por la desesperación y por una generalizada sensación de vulnerabilidad social, puede dejarse seducir muy fácilmente por discursos del tipo de la paz a toda costa, discursos que aunque no se presenten como tales, vendan muy cara la paz, al precio incluso de sacrificar libertades y derechos fundamentales.

“No se trata de ignorar o suprimir el conflicto, sino de construir fórmulas institucionales y prácticas sociales que permitan procesar este conflicto, encauzar sus potenciales efectos disruptivos y producir acuerdos entre las partes que sean acuerdos, que no sean juegos de suma cero, donde unos ganan todo y otros pierden todo, ya que esto llevará a otros conflictos que tarde o temprano socavarán la convivencia social”, dijo.

Señaló que la agenda de paz implica revisar arreglos institucionales, remitirse a la Seguridad Humana, lo que lleva a los Derechos Económicos Sociales y Culturales, porque “no puede haber paz, ahí donde hay una profunda desigualdad social; la agenda tiene que plantearse los temas de la pobreza extrema, de la marginación, de los grupos en situación crónica de vulnerabilidad”.

A su vez, Pietro Ameglio, integrante del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, expuso que la sociedad mexicana está inmersa en el modelo de la paz armada para construir la seguridad pública. “Hay una permanente reproducción desde los medios, desde la impunidad, del aparato de poder y de situaciones que nacen en la calle y la familia, de una inyección de la sensación de inseguridad”.

Aseveró que se confunde la idea de paz con la idea de seguridad y dijo, la seguridad es un término militar, “pero todo mundo pide seguridad, y a costa de la seguridad entrega garantías y derechos humanos básicos, esa es la gran trampa en la que está en parte la sociedad mexicana en su modelo de paz que tiene un enorme consenso social”.

Al referirse al tema de la “cooperación”, expresó que “lo que uno no entiende es que cuando fuma droga coopera con un modelo social, que es el que nos tiene en parte en este delito organizado, y en esta guerra; drogarse no es un problema moral, es un problema social y tiene consecuencias brutales en la vida cotidiana de todos”.

Agregó que el problema de México es que tiene una enorme cantidad de identidades sociales que están como el avestruz, o mirando para otro lado, en medio de la situación de violencia que vivimos.

Por su parte, la Directora del Centro de Estudios para el adelanto de las mujeres y la equidad de género de la Cámara de Diputados, María Ángeles Corte, habló de la necesidad del reconocimiento del Derecho a la Paz, positivarlo y plasmarlo en un instrumento, para poder exigir su respeto y justiciabilidad. “Si sólo se mantienen los derechos humanos como un discurso político, no sirve de nada”.

De tal forma, agregó, hay que buscar, a partir de ahora, con la nueva Legislatura, con el nuevo Gobierno federal y los gobiernos en los estados, lograr la codificación del Derecho a la Paz.

Así también, agregó, es necesaria una ciudadanía democrática, lo que supone estar presente, conocer de los asuntos públicos, e integrar lo que se conoce como la masa crítica.