miércoles , 1 febrero 2023

Discurso del Ombudsman capitalino, Luis González Placencia, con motivo de la ceremonia del Décimo Octavo Aniversario de la CDHDF

Discurso 08/2011
3 de octubre de 2011

Buenos días a todas y todos, bienvenidas y bienvenidos a esta conmemoración. Hoy nos reunimos para recordar que el primero de octubre de 1993 fue el primer día de labores de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF); hoy, este Organismo Público Autónomo cumple dieciocho años de vida institucional.  Los seres humanos, amantes de los rituales, otorgamos al décimo octavo aniversario significados diversos: y los dieciocho, que son un símbolo de independencia, nos recuerdan sin embargo que para muchas personas jóvenes los dieciocho son una fuerte llamada de atención: los espacios educativos se reducen, las oportunidades laborales se estrechan, los estigmas se recrudecen, las diversiones pueden ser trampas mortales y desde luego, el así llamado “tutelar” ya no es opción. Para otras y otros jóvenes, desafortunadamente, ni siquiera cumplir dieciocho ha sido opción, porque un soldado, un marino, un policía o un servidor público negligente le quitaron la vida antes de poder cumplirlos, o bien porque la realidad terminó obligándole a optar por una vida corta y de riesgos continuos a cambio de la expectativa de bienestar que de otro modo jamás se hubiese logrado.

Pensar en estos casos, en la tragedia de vivir en un país que desenvuelve su cotidianeidad entre el recuerdo de cincuenta mil personas muertas, de treinta mil desplazados, de miles de desaparecidos, de periodistas asesinados, de defensores intimidados, hace que sea difícil celebrar.

Y sin embargo, las razones para celebrar este día tienen que ver con el profundo orgullo que siento al encabezar una institución que, desde hace dieciocho años,  ha tenido claro que la única manera de enfrentar esa realidad es hacer valer los derechos humanos. Eso lo sabemos bien aquí porque cada persona que viene a buscar nuestra ayuda y que se va satisfecha puede considerarse sin duda, un logro de la democracia. Hoy menos que nunca, en el contexto de violencia que vivimos, ninguna persona merece que sus gobernantes pasen por encima de sus derechos, sin importar en absoluto las razones con las que busquen justificarlo: la moral, el orden, el progreso, la patria, el bienestar común. En la ciudad de México, como hace dieciocho años, la CDHDF refrenda hoy su compromiso frente a la defensa de los derechos humanos y lo hace con la convicción de que la confianza generada ante la ciudadanía, es producto de una sólida construcción institucional que busca consolidar su impermeabilidad frente a la corrupción, la opacidad, la simulación y la impunidad.

Por eso quiero agradecer a las y los colaboradores que, en las diversas trincheras de este Organismo, son garantes de ese compromiso: a mi Consejo,  firme y honestamente comprometido con que esta Comisión no pierda el rumbo; y desde luego, a cada persona que en su labor diaria, no importa su puesto, con su actitud y disposición hacen que las y los ciudadanos que por la razón que sea buscan nuestro contacto se sientan acogidos, respetados, tomados en cuenta.

Bajo la premisa de que, estando bien nuestro equipo de colaboradoras y colaboradores, es posible ofrecer un mejor servicio a las personas que nos procuran, he asumido con la mayor seriedad la tarea de hacer de este Organismo un buen lugar para trabajar; no ha sido fácil pero las y los compañeros constatan que hoy es una realidad que el clima laboral en la Comisión es muy favorable al desempeño de nuestras  funciones.  A quienes no compartieron esa visión les hemos dicho adiós y seguiremos haciéndolo con quienes pierdan la brújula porque una institución que protege derechos, debe comenzar por protegerlos en casa.

Esa es la orientación de una cultura organizacional democrática de libertad con responsabilidad y compromiso, que se finca en tres pilares indisolubles: conocimiento, habilidad para aplicarlo y sensibilidad para hallar siempre el mejor resultado.

Con ello en mente, hemos mejorado notablemente la selección de nuestros cuadros, en todos los niveles, creando mecanismos que permiten que el Servicio Profesional funcione a favor de ese objetivo. Hoy tenemos un nuevo estatuto que flexibiliza criterios de modo que nos ha permitido oxigenar áreas que estaban ya muy asfixiadas. También tenemos un más acabado modelo de formación profesional, más aterrizado a los retos que día con día enfrentan las y los integrantes del Servicio Profesional, así como una mejor evaluación del desempeño.

Todo el personal goza de condiciones laborales nuevas, pensadas para facilitar el disfrute de la vida privada: tres horarios posibles, 6 días libres al año para atender asuntos personales sin necesidad de justificación, subsidio del 50% en el comedor institucional, licencias para acceder a puestos superiores sin poner en riesgo la titularidad de los puestos que dejan, y además, un programa de actividades culturales y deportivas que incluye el aprendizaje y perfeccionamiento de idiomas.  A pesar del decaimiento del valor real de nuestro presupuesto, hemos mantenido y consolidado las licencias de paternidad, las prestaciones de fin de año y el fondo de liquidaciones.

Gracias a estos esfuerzos y a los que seguiremos apostándole, la comunidad de la CDHDF está mejor preparada para atender a las mas de cien mil personas que, por la razón que sea, contactamos cada año.

Sin duda, hemos mejorado nuestras Recomendaciones, poseen un enfoque estructural, están mejor investigadas, mejor fundamentadas y muy bien argumentadas. Ello abona a la autonomía de la institución brindándole un componente técnico que es muy difícil de rebatir y que por ello evidencian mejor las excusas autoritarias para no aceptarlas o para rebatirlas. Hemos incrementado también el número de soluciones conciliatorias, con la convicción de que las víctimas son el eje de nuestra atención; agradezco a las y los titulares de la administración local, y en especial a quienes fungen como enlaces por facilitar esta función.

Pensando en las víctimas, a partir del día de hoy funciona oficialmente en la CDHDF la Unidad de Apoyo a Victimas de Violaciones a Derechos Humanos, destinada a brindar acompañamiento a aquellas personas cuyos procesos de victimización han afectado sustancialmente sus vidas. Con ello damos un giro al legiscentrismo en la visión tradicional de los derechos humanos, aportando un necesario componente psicosocial.

Desafiando el formalismo, hemos revisado también nuestros procedimientos de seguimiento de Recomendaciones y, de modo inédito, porque tenemos claro que la realidad es dinámica y que las obligaciones del Estado para con las víctimas son permanentes, hemos reabierto el seguimiento de puntos que en su momento se cerraron porque no han logrado resarcir de forma efectiva a las víctimas.

En el último año, hemos ensanchado nuestra búsqueda de incidencia: tresamicus curie, presencia activa en los órganos interamericanos de justicia, tres acciones de inconstitucionalidad, revisión de una decena de proyectos legislativos y diversas propuestas para generar iniciativas legales con enfoque de derechos humanos. Especial mención merece la función de protección de periodistas y personas defensoras de derechos humanos. La Comisión se ha tomado muy en serio la necesidad de trascender la denuncia y jugar un rol activo con la finalidad de salvar vidas.

En esa misma línea hemos consolidado nuestra presencia internacional. Hoy la Comisión es un actor en Ginebra, Bruselas, Estrasburgo, Washington y Costa Rica, sedes de la discusión internacional en materia de derechos humanos. Junto a las defensorías de Buenos Aires y Barcelona, tenemos un rol central en la construcción del foro internacional de defensorías metropolitanas y seguimos sentados en el Consejo Centroamericano de Procuradores de Derechos Humanos; de hecho, con la Procuraduría de Derechos Humanos de Guatemala, junto a un importante grupo de Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), presentamos una solicitud de medidas cautelares a la CIDH por el caso de los 72 migrantes hallados en San Fernando, Tamaulipas. Todo ello ha sido posible gracias a nuestras alianzas con la Unión Europea, el cuerpo diplomático establecido en nuestro país, y las oficinas del ACNUDH, ACNUR, UNICEF, la OEA y la OIT.

Nuestras relaciones con la sociedad civil se han consolidado. Por una parte, hoy tenemos relación con más organizaciones con las que tenemos proyectos estratégicos en un mayor número de poblaciones:  infancia, juventudes, mujeres, personas migrantes, comunidades y pueblos originarios, poblaciones callejeras, trabajadoras del hogar, consumidoras de drogas, defensoras y defensores de derechos, periodistas, personas con discapacidad, víctimas del sistema penal. Por la otra, nos hemos vinculado de manera más estrecha con instituciones académicas como la UNAM, el IPN, la UAM, el CIDE, el ITAM, la UIA, FLACSO, la UACM, con la convicción de que el conocimiento es fundamental en la solución de los problemas que hoy aquejan a la ciudad y al país.

Nuestras alianzas con la sociedad civil y la academia nos han permitido hacer valer, más allá de discusiones ideológicas, una posición de derechos humanos frente al aborto, las drogas, el arraigo, la tortura, la militarización de la seguridad y el peligrosismo penitenciario, siempre en la lógica de evitar que la violencia sea el recurso privilegiado para combatir a la violencia.

En esa propuesta contra la violencia, formamos con otras organizaciones e instituciones académicas, la Red por una Cultura de Paz, que le apuesta al abandono del lenguaje de guerra y a la construcción de experiencias de paz que impregnen la construcción de tejido social.  Emprendimos una estrategia de atención al gravísimo problema del bullying escolar, con una propuesta centrada en el respeto a los derechos de las y los niños, la educación para la paz y la resolución pacifica de los conflictos.

También hemos estrechado lazos con nuestros homólogos de los Organismos Públicos Autónomos (OPA). A través de la Red OPAM, hemos construido una sólida relación de sinergia con diversas comisiones locales de derechos humanos, órganos garantes del derecho a la información, órganos electorales y desde luego, con el IFE y el IFAI. Lo mismo puede decirse de nuestra relación con la ALDF, el Senado de la República y con la Honorable Cámara de Diputados.

Naturalmente, queremos que más gente sepa lo que hacemos y que más personas accedan a nuestros servicios. Por ello, renovamos nuestras estrategias de comunicación. Hoy el Ombudsman cuenta con un espacio editorial en la radio pública nacional, de manera semanal, en el 107.9 de FM; importantes medios de prensa escrita nacional como La JornadaEl Universal y Reforma le han abierto espacios para la discusión de temas de relevancia. Nuestra página Web fue renovada, cumple con criterios de accesibilidad y recibe más visitas que nunca. En ella puede constatarse la intensa actividad que tenemos día con día, el importante número de seminarios, reuniones y foros que colocan a esta Comisión a la vanguardia en la discusión local y nacional de los temas más importantes en materia de derechos humanos, de modo especial, en el contexto de las recientes reformas constitucionales.

Con la finalidad de incrementar las posibilidades de acceso a los servicios que ofrecemos, contratamos un servicio de traducción de lenguaje de señas mexicanas para garantizar que la comunidad de personas sordas pueda interponer quejas sin obstáculos.

En resumen, una intensa actividad de consolidación, proyección e innovación que cada día asumen el medio millar de personas que colabora en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y que mantiene a este Organismo Público Autónomo como ejemplo de institucionalidad democrática, como un espacio de confianza para las y los capitalinos, como un orgullo de esta ciudad frente al mundo y como un ejemplo a seguir, no tengo duda, para el Estado Mexicano en su conjunto. Como me gusta describirlo: un Organismo local, con innegable vocación global.

Todo ello, no por mi, y aunque cada quien tiene su mérito, tampoco sólo por quienes me antecedieron en este rol de privilegio, Luis de la Barreda y Emilio Álvarez Icaza, aliados de la causa; sino por el esfuerzo de un Ombudsman que tiene quinientas caras, detrás de las cuales hay tantas historias, anécdotas, nostalgias y saudades, como proyectos, anhelos y ganas de servir a sus conciudadanas y conciudadanos quienes dan vida a nuestra gran ciudad de México.

Muchas felicidades a la CDHDF por sus dieciocho años, y mi reconocimiento y gratitud a quienes me han acompañado en esta apuesta -GRACIAS EQUIPO- hoy que junto a los dieciocho de la institución, cumplimos nosotros dos años de gestión.

Bienvenidas todas y todos, muchas gracias por acompañarnos este día.